WANG SHU / LU WENYU, El Pritzker más político

Martes, 28 Febrero 2012

“La humanidad es más importante que la arquitectura”

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*article d’Anatxu Zabalbeascoa 

Y un jurado de proyectistas periféricos, (Aravena, Pallasmaa, Murcutt no sólo por sus procedencias, también por su manera social y cultural de juzgar la arquitectura), optó por hacer política lanzando al estrellato a un profesional que llevó a la Bienal de Venecia sendas protestas por la destrucción del patrimonio de su país y a favor de la arquitectura “poco profesional” realizada por la gente y fruto de una colaboración. “No todo el futuro es High Tech. La tradición se puede realizar con técnicas modernas”, declaró entonces. Y más allá de hacerlo alto y claro con su trabajo, no ha cesado de lanzar mensajes: “No basta con hacer cosas populares. China puede mostrar el camino de la responsabilidad al mundo” es uno de ellos. Mientras su país se decide, está claro que él sí trata de mostrarlo.

También a China. Su Museo Histórico de Ningbo –que él define como una montaña- es, en realidad un monolito levantado con restos de piedras provenientes de edificios de esa ciudad que habían sido demolidos. En ese inmueble, el arquitecto puso a prueba sus ideas en defensa de la colaboración y aceptó que los obreros decidieran la organización final de las piedras de la misma forma aleatoria que los habitantes de la zona suelen recomponer los ladrillos de sus viviendas tras uno de los frecuentes tifones.

Wang Shu formó en 1998, junto a su mujer la arquitecta Lu Wenyu, el estudio Amateur Architecture que, ya desde el propio nombre, defiende un regreso hacia la no profesionalización de la disciplina asegurando que la participación de los futuros usuarios asegurará el mantenimiento del edificio y la posibilidad de que todo el planeta conozca una arquitectura más humana. Es una pena que el valiente jurado del Pritzker haya tenido en esta ocasión tanta visión y a la vez tan poca como para no premiar también a la socia y esposa de Shu, como sí hizo hace dos años con ocasión del premio a Kazuyo Sejima que la japonesa compartió con su socio Ryue Nishizawa.

Con Lu Wenyu convertida en la nueva Denise Scott Brown -a la que el Pritzker no reconoció al premiar a su socio y marido Robert Venturi- el galadón envía dos mensajes. Por un lado premia a un arquitecto que ha denunciado que la profesión es cómplice de la destrucción y exige una vía sostenible con la cultura y los lugares. Por otro, pierde la oportunidad de, precisamente en un país como China, demostrar que el trabajo de las mujeres y los hombres debe reconocerse por igual. Los cuatro empleados del matrimonio se han cansado de escuchar de sus jefes frases como: “La humanidad es más importante que la arquitectura” o “un edificio que no comprende a la personas es insignificante”. Wan Shu, que se formó en China y, desde su estudio en Hangzhou, a 170 Kilómetros de Shanghai, solo ha construido en ese país, anima, también desde su web, a construir con “naturalidad, espontaneidad, temporalidad y si hace falta de manera ilegal”.

*Publicado en Plataforma arquitectura

Tuvimos la oportunidad de entrevistar al arquitecto chileno Alejandro Aravena, jurado del Premio Pritzker desde el 2009,  y nos cuenta más sobre su visión del trabajo del ganador del Premio Pritzker 2012 Wang Shu y la decisión del jurado, además de citar conversaciones con el arquitecto Chino. 

La extraordinaria arquitectura de Wang Shu puede ser consecuencia de su capacidad de combinar talento e inteligencia. Esta combinación le permite producir una obra maestra cuando el encargo requiere un monumento, pero también le permite producir una arquitectura cuidadosa y contenida cuando un monumento no viene al caso. La intensidad de su trabajo puede deberse a su relativa juventud, pero la precisión y propiedad de sus operaciones habla al mismo tiempo de una gran madurez.

Consideremos el Museo Histórico de Ningbo por ejemplo: es de una potencia que merece sin duda alguna ser llamado una obra maestra. Uno no visita el edificio; uno es “golpeado” por el edificio. Recuerdo haber sentido algo así pocas veces en la vida, como cuando visité el Parlamento de Kahn en Bangladesh o su Instituto Indio de Administración en Ahmedabad. Ser “golpeado” por un edificio pasa rara vez en arquitectura porque ese tipo de experiencia pertenece más bien al campo de la música o el cine, donde la experiencia de una obra puede emocionar al punto de modificar el estado de animo en un sentido profundamente positivo. Lamentablemente nada de esto puede ser transmitido por las fotografías.

Luego está el uso distintivo que hace de materiales de descarte que provienen de otras construcciones. Esa técnica no sólo tiene sentido en términos de sustentabilidad, sino que introduce una cierta “historia” en la construcción al darle al muro una especie de “sobredosis de tiempo” sin tener que esperar al envejecimiento. Además transforma cada parte del edificio en un evento único e irrepetible porque cada cm2 es distinto al otro. Esta variación dentro de la unidad, no sólo tiene un valor estético, sino que permite absorber los errores de construcción que una mano de obra no calificada puede producir en un volumen de gran tamaño. Idealismo y pragmatismo se sintetizan así en una única operación.

Museo de Historia de Ningbo © Iwan Baan

Sobre esta técnica constructiva, el dijo que estaba recuperando una tradición que estaba desapareciendo, la cual consistía en usar materiales sobrantes de desastres naturales como terremotos o tifones, colocando ladrillos, tejas o piedras, capa sobre capa para reparar una grieta o cubrir un hoyo. El “sólo” llevó el sistema a una escala distinta, a la escala de todo el edificio. La importancia de recuperar esta técnica es pragmática, histórica y cultural. El dijo que creía que la arquitectura era un trabajo colaborativo. Al emplear gente que dominaba un saber que él no tenía, se establecía un diálogo creativo durante la construcción, un proceso de aprendizaje y enseñanza mutua al cual cada uno contribuía con su propio conocimiento: el, en cuanto arquitecto del proyecto, les proponía a los trabajadores cosas que ellos no sabían, pero cuando iba a la obra, los trabajadores le enseñaban cosas que él no sabía.

Esto lleva al debate sobre el control creativo de la obra. El dijo que estaba buscando la precisión del sentimiento más que la perfección de la construcción; que él creía que el edificio tenía un sentimiento preciso. Esto es algo que hay que concederle porque si hay algo meridianamente claro en su trabajo, es su capacidad de producir una obra potente, que opera incluso a nivel de las emociones.

Nueva Academia de Arte en Hangzhou © Iwan Baan

Por otra parte, está la Academia de Artes de Hangzhou, en la cual se debían construir unas cuanta decenas de edificios, desde pabellones hasta dormitorios, desde salas de clases hasta edificios administrativos, todos en un plazo relativamente corto. La pregunta era aquí por la capacidad de producir el tejido medio de la ciudad. Wang Shu fue capaz de escapar al riesgo de la monotonía que un encargo de esta escala podría haber generado, sin sobreactuar innecesariamente cada pieza; logró equilibrar la individualidad de cada elemento con la capacidad de pertenecer a un conjunto. Al mismo tiempo fue capaz de evitar la eventual mediocridad y disolución de la calidad que puede ocurrir en un proyecto tan masivo, por medio de introducir en la totalidad de la operación una cierta contención. Finalmente es evidente que fue capaz de entender que a esta escala, no se trata sólo de los edificios sino también del espacio entre ellos. La vitalidad del complejo, inundado de vida estudiantil, es la prueba inequívoca del éxito y propiedad de la estrategia adoptada.

Todo esto hace que su trabajo sea a la vez alentador e inquietante. La condición extraordinaria de su arquitectura fue alcanzada usando materiales ordinarios universalmente disponibles, con mano de obra poco calificada, trabajando con presupuestos ajustados, casi poco tiempo para construir y para proyectar y con una oficina pequeña. La mayoría de los arquitectos del mundo debe encontrar éstas condiciones familiares y similares a sus propias circunstancias. En ese sentido es alentador porque hace pensar que cada uno también podría hacerlo; ofrece una especie de esperanza y optimismo para todos los arquitectos que también deben producir un entorno construido de calidad trabajando en medio y condiciones adversas. Pero esto mismo hace su trabajo inquietante, porque edificios extraordinarios fueron hechos con medios ordinarios. En esta dualidad yace el potencial de transformarse en un referente, porque para que ello ocurra, se necesita alguien suficientemente cercano para que la gente se pueda indentificar con él, pero a la vez alguien suficientemente lejano para que represente un desafío. Wang Shu es un ejemplo notable que muestra que para hacer la diferencia, lo que se necesita es formular la pregunta de manera correcta, entender e integrar las restricciones de un problema (y no sólo reclamar de ellas) y elegir las operaciones apropiadas para trascender las dificultades. La belleza de todo esto, es que el lo hace aparecer algo fácil sencillo, con la naturalidad propia de la gran arquitectura.

Nueva Academia de Arte en Hangzhou © Iwan Baan

La arquitectura de Wang Shu ha sido capaz de sintetizar además el debate entre lo local y lo global. Ha logrado probar que ellos no tiene por qué ser términos excluyentes. Sus obras están fuertemente enraizadas en su contexto cultural, económico, ambiental y estético; y sin embargo es capaz de producir una obra de alcance universal. Sobre su relación con el lugar, el dijo que su aproximación consistía en prestar una atención cuidadosa al contexto, a las circunstancias y restricciones. En ese sentido, el empleo de una cierta técnica constructiva está íntimamente ligado a lo local. Si el tuviera que trabajar en otro lugar, el destinaría un tiempo para entender esas condiciones del nuevo lugar y poder así proponer una estrategia ad-hoc. Esto revela que su aproximación está lejos de ser nostálgica o romántica, sino es más bien pragmática y sensible. Y como consecuencia de ello, su arquitectura es pertinente, viene al caso.

Lo mismo ocurre respecto de la historia; su trabajo está fuertemente enraizado en la tradición, sea ésta la de los constructores o la de las personas que habitarán sus proyectos. Y sin embargo, al mismo tiempo, es capaz de producir no sólo edificios extraordinariamente contemporáneos, sino que, como toda gran arquitectura es capaz de trascender hacia un cierto nivel de atemporalidad.




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